definición de la palabra picó
En Colombia un Picó es un sistema de sonido capaz de desencadenar una fiesta descomunal!
La
palabra Picó es la adaptación colombiana de la palabra inglesa Pickup
que significa recoger o levantar. El Picó es un dispositivo mecánico que
“recoge” la energía vibracional del movimiento de la aguja sobre el
acetato y la convierte en energía sonora para poner a gozar a la gente
por medio de tremendo sistema de altavoces.
Desde
finales de los 50´s la gente de la Costa Atlántica colombiana
desarrolló una alternativa para disfrutar y difundir su música
preferida; construyeron artesanalmente potentes sistemas de sonido que
se caracterizan por tener un nombre propio según su origen o preferencia
musical (El Timbalero, El Coreano, El Isleño... ), un aspecto visual
extraordinario y por supuesto tremendos componentes de sonido.
Los
Picós fueron ganando protagonismo y se creó alrededor de estas máquinas
una cultura urbana, popular y contemporánea en las que artesanos, dj’s,
propietarios de picós, vendedores de música, productores y artistas
conforman la base.
El
Picó hacía de orquesta en las fiestas familiares y terminó generando
espacios autogestionados para los encuentros sociales. El escenario
picotero por excelencia son las calles de los barrios populares de la
costa Atlántica de Colombia, allí se cierran los extremos de una calle
del barrio con latones para darle paso al baile y al sonido.
los primeros picó
Los
primeros Picós fueron construidos en Colombia en 1950 y en sus inicios
eran extensiones de la vitrola familiar a la que empezaron a conectar
pequeños altavoces que luego se colgaban en los árboles del patio
trasero de las casas para generar más volumen durante las fiestas.
La
sabiduría popular dice que los “costeños” siempre quieren tener un
sonido más potente que el del vecino, por lo que los picós rápidamente
se empiezan a alquilar para fiestas familiares, estaderos y verbenas
populares; con el tiempo se vuelven cada más elaborados lo que genera un
desarrollo tecnológico en el que algunos técnicos aprendieron cómo
adaptar, cada vez más profesionalmente, los parlantes a amplificadores
más grandes con el fin de proporcionar más potencia de volumen.
No
hay un acuerdo acerca del sitio de origen de los primeros Picós,
algunas investigaciones apuntan a que fueron construidos en Cartagena,
otros aseguran que nacieron en Barranquilla, y cada investigación está
respaldada con nombres, cifras y datos.
Sabemos
que por los años 50´s los picós de Cartagena y Barranquilla servían
como medio de difusión de música Costeña, Cumbia, Porro, Merecumbe y
música Cubana, sobre todo Mambo y Rumba, que estaba de moda en todo el
Caribe.
El
picó se va a constituir en una emisora y discoteca ambulante, lo que
facilita el afianzamiento de la salsa dura de los sesenta, una música
urbana de baile que se originó entre los inmigrantes latinos en la
ciudad de Nueva York y Puerto Rico y a diferencia de los géneros cubanos
más elegantes y refinados que la precedieron, la salsa habla de la dura
realidad de la inmigración, la pobreza y la discriminación racial que
experimentaban los inmigrantes latinos en Estados Unidos.
Entre
1960 y 1970, la salsa llegó a ocupar gran parte de la atención de los
programadores y públicos de los picós. Algunos equipos guardan rastros
de la época salsera, como el picó "El Conde", cuyo nombre hace homenaje a
Pete "El Conde" Rodríguez.
la era de los escaparates
Los
Escaparates fueron los protagonistas desde los 70´s hasta finales de
los años 80´s. En esta época los picós eran cajas de madera del tamaño
de un Closet ó “escaparate”; máquina que se respetara tenía un bafle
principal, generalmente con 12 parlantes de 18 pulgadas (45 cms.), un
bafle auxiliar con 6 parlantes y sobre estos iba un parlante pequeño en
el que se instalaban los twitters o “regaderas”, que eran las encargadas
de darle el brillo especial al sonido, y era en donde se colocaba el
nombre del picó
En
los tempranos años 70’s los picós que mandaban la parada en Cartagena
eran El Isleño del popular Cardales, El Mayor, El Ciclón, El Príncipe y
en menor grado El Perro, El Huracán, El Platino, el Diamante, El Conde y
el Almirante. Los Picós pequeños producían unos 200 vatios mientras que
los más grandes alcanzaban hasta 3000 vatios de potencia.
En
los 70 y 80´s El Isleño puso a bailar cientos de barranquilleros en las
Verbenas de Carnaval como la Cueva Fantástica, Rancho Universal y La
Pantera
Se
dice que fue en Cartagena donde los Picós aumentaron su tamaño llegando
en algunos casos a construir parlantes de 3 metros o más de altura,
cada parlante podía contener 10 parlantes de 18 pulgadas
la era de los fraccionados
Es
el inicio de la llamada era moderna, cuando la tecnología análoga se
comenzó a mezclar con la digital. Se les llama “fraccionados” porque los
18 o 24 parlantes que tenían en promedio los escaparates se dividieron
en bafles de 2, 4 y hasta 6 parlantes como máximo. De esta forma se
colocaban bafles en todos los rincones de un baile.
Es
el momento en que los picós empiezan a utilizar luces de miniteca para
llamar la atención, se comenzaron a llamar “Súper Estéreo Láser”. Los
más básicos contaban con uno o dos tocadiscos, una casetera y un mini
disc, mientras que los más avanzados contaban con reproductores de CD.
Los más pequeños alcanzaban los 600 vatios de sonido, mientras que los
más grandes llegaban hasta 5000
la era de los conciertos
Más
o menos con la llegada del nuevo siglo los picós evolucionan a lo que
se llamó “tipo concierto” ya que empiezan a utilizar tarimas y la
distribución de los equipos es la de un concierto.
Cada
picó “concierto” cuenta con una “nómina” básica compuesta por cuatro
personajes: un DJ, un animador, un pianista-baterista (hablamos de
teclados y pianos portátiles, digitales) Baterista se le llama al
encargado de hacer efectos de sonido en vivo sobre la canción que se
reproduce en el picó y un DJ Light, quien es el encargado de las luces.
Al igual que en el fútbol, estos equipos sonoros cuentan con sus hinchas
o fanáticos que los siguen a donde vayan. Los más pequeños o junior
alcanzaban los 20.000 vatios de sonido, mientras que los más grandes
llegan hasta 50.000 vatios. Cuentan con todo un andamiaje en el que se
usan computadores, cajas de ritmos y efectos, amplificadores de última
generación y en general equipos de la más alta tecnología sonora.
Los
picós en sus inicios eran fabricados por técnicos aficionados, hoy en
día se diseñan y se ensamblan con tecnología importada y por equipos
profesionales, algunos Picós siguen utilizando dibujos pero esto ha
perdido vigencia hoy en día los picós se identifican con un color
determinado, por ejemplo: El Skorpion usa el verde, El Solista, azul, y
El Fidel blanco.
Los
picós de champeta más importantes en la actualidad son El Rey de Rocha,
El Imperio, El Broder, El Chulo de Pasacaballos, El Gémini del Chamba,
El Gémini Junior de Mr. Black; en algunos casos los dueños son al mismo
tiempo los Djs.
fabricacion de pico
replica y turbos
Sus diseños están basados en las potentes máquinas sonoras que aparecieron en la década de los sesenta
Uno de los elementos que ha atrapado el interés de quienes están inmersos en la pasión
popular que despiertan los picós se basa en conocer la procedencia de la expresión ‘turbo’, denominación que reciben las cajas sonoras que activan el espíritu de goce y baile en miles de personas de distintas esferas de la sociedad caribeña.
Luciano Barraza, voz autorizada para referirse al tema por su trayectoria al frente de tornamesas de picós como El Rojo y El Solista, aseguró –en su momento– que el término fue adoptado del Dragón Turbo Laser. La palabra tuvo el beneplácito del público, razón por la cual conserva su vigencia y ha ganado terreno.
Ítalo Gallo, propietario de El Coreano y especialista en cabinas de audio, asegura que uno de los objetivos del ‘renacer’ de estas máquinas consiste en evocar, nuevamente, épocas doradas de auténtica verbena.
Cuenta que las potentes máquinas nacieron por la necesidad de “amenizar” las fiestas, sobre todo, por las limitaciones que hasta ese momento existían en cuanto a la amplificación del sonido.
Orígenes. El ingeniero industrial recuerda que la primera generación de picós en la ciudad estuvo conformada por El Sicodélico, El Timbalero, El Gran Fidel, El Sibanicú y El Solista. En ese momento, el ingrediente indispensable era la salsa, lo que potenció su popularidad entre la gente.
Una segunda generación vio nacer a El Rojo y El Gran Torres, por ejemplo. La música tropical venezolana y, por supuesto, la salsa llevaban la bandera en la segunda mitad de los años setenta. El ‘bautizo’ de ritmos africanos en picós estuvo a cargo de El Sibanicú.
En la década de los 80, Raymundo Barrios impuso una nueva tendencia. Su máquina transistorizada eliminó el atractivo dibujo que caracterizaba a las otras cajas sonoras y lucía completamente blanco, sacando de contexto lo que en aquella época era catalogado como “usual”. En la segunda mitad de los 80, el Mundy Stereo dio un giro a la programación musical, lo que supo cautivar el oído de sus seguidores. Recurrió al merengue y la balada para ofrecer un repertorio más amplio y convertirse, prácticamente, en una “discoteca ambulante”.
En 1991, se registra la aparición del primer picó fraccionado: Los Melódicos. Su propósito consistía en distribuir el sonido a lo largo y ancho de las casetas. Esa novedad, de algún modo, incentivó a sus similares a cambiar su estilo para no ser relegados.
Gallo precisa que durante esos años ya existían estas cajas sonoras, aunque no se les conocía como ‘turbos’. “Ahora se llaman así porque están basadas en tecnologías modernas y los parlantes actuales tienen un impacto impresionante”, agrega.
Una de las modificaciones implementadas por los ‘turbos’ con relación a la propuesta de los fraccionados está basada en retirar la figura del animador. Según Deivis Cantillo, de El Isleño, ese “palabrerío” no permite que la gente baile con comodidad y, por otra parte, promueve la violencia.
Turbos y réplicas. El retorno de los ‘turbos’ tuvo como antesala el surgimiento de las réplicas –picós a escala, de menor tamaño– que han sido configurados a sistemas que permiten su reproducción audible. Durante el último lustro, estas “miniaturas” constituyen una sensación, sobre todo en Soledad.
Lascas, en efecto, constituyen un homenaje a múltiples máquinas tradicionales como El Gran Torres, El Timbalero, El Rojo, El Gran Pijuán, El Coreano y El Gran Fidel, por mencionar algunos. De alguna manera, son la representación de una excentricidad que, según conocedores del tema, empezó de la mano de Guillermo Miranda, quien se encargó de dar forma a la primera réplica de El Solista.
Lo que empezó como un pasatiempo para los amantes nostálgicos de la verbena se ha convertido en una verdadera pasión para quienes se han encargados de posicionar las réplicas en un lugar de privilegio en sus vidas. Las pequeñas cajas sonoras se han convertido en la semilla que ha dado lugar a un sello en la tradición picotera de la ciudad, los ‘turbos’.
Su diseño simboliza un retorno al bafle central, el cual es decorado con matices cromáticos representativos que les asignan sus dueños. Esto, naturalmente, conforma una marca de autenticidad que ha de ser respetada por los competidores.
Sus dimensiones pueden ser de 30 centímetros de ancho por 30 de alto. Sobre estas,
répli manifiesta que se les puede incorporar únicamente un parlante de ocho pulgadas. No obstante, aclara que también pueden elaborarse de acuerdo con lo requerido por los clientes.
El oficio. Edilberto De la Hoz tiene 55 años y confiesa que desde los 11 siente una gran admiración por el universo de los picós. Con voz entusiasta, recuerda que la primera verbena a la que asistió fue realizada a pocas cuadras de su casa, en Soledad.
Durante 40 años dedicados al oficio de armar réplicas y ‘turbos’ acumula un centenar de máquinas sonoras diseñadas y materializadas. El ‘escaparate’ más grande que construyó –indica– fue uno llamado El Guerrero, cuyas dimensiones eran de 2 metros de ancho por 1,70 de alto. En el otro extremo, fue capaz de dar forma a una miniatura de 18 centímetros de ancho por 15 de alto, creaciones que, en la actualidad, atrapan el interés de propios y extraños.
Materiales
Tipos de madera
Para fabricar un ‘turbo’ se pueden utilizar diferentes clases de madera, como MDF, RH o
Tríplex.
Fórmica
A diferencia de los picós fraccionados que usan tela mosquete o felpa para forrarse, los ‘turbo’ emplean láminas coloridas de fórmica.
Malla
La parte frontal de la caja principal, las regaderas y las columnas se tapan con una malla parecida a la de los chalecos de motociclistas.
Los vivos
En los bordes se instalan ángulos de aluminio para imprimirle un toque más ‘fino’ al picó y ayudar a mantener la caja compacta.
Aerógrafo
Expertos pintores con aerógrafos le dan color a la parte frontal de la máquina sonora, por medio de imágenes clásicas o personalizadas.
Paso a paso
1- Corte
La madera se corta cuidadosamente siguiendo unos patrones de medida para su elaboración.
2- Armado
Lo primero que se arma es la caja principal, siguiendo las medidas requeridas según el tamaño del ‘turbo’ que quiera la persona.
3- Pulido
Una vez se arma, se le dedica suficiente tiempo a los detalles que marcan la diferencia, como pulir la madera.
4- Pegado
Armadas completamente las piezas, se procede a pegarle las láminas de fórmica.
5- Pintado
La malla es sometida al talento de los pintores que primero hacen un molde a pincel, delinean y luego le ponen color con aerógrafo.
fabricacion de pico
replica y turbos
Sus diseños están basados en las potentes máquinas sonoras que aparecieron en la década de los sesenta
Uno de los elementos que ha atrapado el interés de quienes están inmersos en la pasión
popular que despiertan los picós se basa en conocer la procedencia de la expresión ‘turbo’, denominación que reciben las cajas sonoras que activan el espíritu de goce y baile en miles de personas de distintas esferas de la sociedad caribeña.
Luciano Barraza, voz autorizada para referirse al tema por su trayectoria al frente de tornamesas de picós como El Rojo y El Solista, aseguró –en su momento– que el término fue adoptado del Dragón Turbo Laser. La palabra tuvo el beneplácito del público, razón por la cual conserva su vigencia y ha ganado terreno.
Ítalo Gallo, propietario de El Coreano y especialista en cabinas de audio, asegura que uno de los objetivos del ‘renacer’ de estas máquinas consiste en evocar, nuevamente, épocas doradas de auténtica verbena.
Cuenta que las potentes máquinas nacieron por la necesidad de “amenizar” las fiestas, sobre todo, por las limitaciones que hasta ese momento existían en cuanto a la amplificación del sonido.
Orígenes. El ingeniero industrial recuerda que la primera generación de picós en la ciudad estuvo conformada por El Sicodélico, El Timbalero, El Gran Fidel, El Sibanicú y El Solista. En ese momento, el ingrediente indispensable era la salsa, lo que potenció su popularidad entre la gente.
Una segunda generación vio nacer a El Rojo y El Gran Torres, por ejemplo. La música tropical venezolana y, por supuesto, la salsa llevaban la bandera en la segunda mitad de los años setenta. El ‘bautizo’ de ritmos africanos en picós estuvo a cargo de El Sibanicú.
En la década de los 80, Raymundo Barrios impuso una nueva tendencia. Su máquina transistorizada eliminó el atractivo dibujo que caracterizaba a las otras cajas sonoras y lucía completamente blanco, sacando de contexto lo que en aquella época era catalogado como “usual”. En la segunda mitad de los 80, el Mundy Stereo dio un giro a la programación musical, lo que supo cautivar el oído de sus seguidores. Recurrió al merengue y la balada para ofrecer un repertorio más amplio y convertirse, prácticamente, en una “discoteca ambulante”.
En 1991, se registra la aparición del primer picó fraccionado: Los Melódicos. Su propósito consistía en distribuir el sonido a lo largo y ancho de las casetas. Esa novedad, de algún modo, incentivó a sus similares a cambiar su estilo para no ser relegados.
Gallo precisa que durante esos años ya existían estas cajas sonoras, aunque no se les conocía como ‘turbos’. “Ahora se llaman así porque están basadas en tecnologías modernas y los parlantes actuales tienen un impacto impresionante”, agrega.
Una de las modificaciones implementadas por los ‘turbos’ con relación a la propuesta de los fraccionados está basada en retirar la figura del animador. Según Deivis Cantillo, de El Isleño, ese “palabrerío” no permite que la gente baile con comodidad y, por otra parte, promueve la violencia.
Turbos y réplicas. El retorno de los ‘turbos’ tuvo como antesala el surgimiento de las réplicas –picós a escala, de menor tamaño– que han sido configurados a sistemas que permiten su reproducción audible. Durante el último lustro, estas “miniaturas” constituyen una sensación, sobre todo en Soledad.
Lascas, en efecto, constituyen un homenaje a múltiples máquinas tradicionales como El Gran Torres, El Timbalero, El Rojo, El Gran Pijuán, El Coreano y El Gran Fidel, por mencionar algunos. De alguna manera, son la representación de una excentricidad que, según conocedores del tema, empezó de la mano de Guillermo Miranda, quien se encargó de dar forma a la primera réplica de El Solista.
Lo que empezó como un pasatiempo para los amantes nostálgicos de la verbena se ha convertido en una verdadera pasión para quienes se han encargados de posicionar las réplicas en un lugar de privilegio en sus vidas. Las pequeñas cajas sonoras se han convertido en la semilla que ha dado lugar a un sello en la tradición picotera de la ciudad, los ‘turbos’.
Su diseño simboliza un retorno al bafle central, el cual es decorado con matices cromáticos representativos que les asignan sus dueños. Esto, naturalmente, conforma una marca de autenticidad que ha de ser respetada por los competidores.
Sus dimensiones pueden ser de 30 centímetros de ancho por 30 de alto. Sobre estas,
répli manifiesta que se les puede incorporar únicamente un parlante de ocho pulgadas. No obstante, aclara que también pueden elaborarse de acuerdo con lo requerido por los clientes.
El oficio. Edilberto De la Hoz tiene 55 años y confiesa que desde los 11 siente una gran admiración por el universo de los picós. Con voz entusiasta, recuerda que la primera verbena a la que asistió fue realizada a pocas cuadras de su casa, en Soledad.
Durante 40 años dedicados al oficio de armar réplicas y ‘turbos’ acumula un centenar de máquinas sonoras diseñadas y materializadas. El ‘escaparate’ más grande que construyó –indica– fue uno llamado El Guerrero, cuyas dimensiones eran de 2 metros de ancho por 1,70 de alto. En el otro extremo, fue capaz de dar forma a una miniatura de 18 centímetros de ancho por 15 de alto, creaciones que, en la actualidad, atrapan el interés de propios y extraños.
Materiales
Tipos de madera
Para fabricar un ‘turbo’ se pueden utilizar diferentes clases de madera, como MDF, RH o
Tríplex.
Fórmica
A diferencia de los picós fraccionados que usan tela mosquete o felpa para forrarse, los ‘turbo’ emplean láminas coloridas de fórmica.
Malla
La parte frontal de la caja principal, las regaderas y las columnas se tapan con una malla parecida a la de los chalecos de motociclistas.
Los vivos
En los bordes se instalan ángulos de aluminio para imprimirle un toque más ‘fino’ al picó y ayudar a mantener la caja compacta.
Aerógrafo
Expertos pintores con aerógrafos le dan color a la parte frontal de la máquina sonora, por medio de imágenes clásicas o personalizadas.
Paso a paso
1- Corte
La madera se corta cuidadosamente siguiendo unos patrones de medida para su elaboración.
2- Armado
Lo primero que se arma es la caja principal, siguiendo las medidas requeridas según el tamaño del ‘turbo’ que quiera la persona.
3- Pulido
Una vez se arma, se le dedica suficiente tiempo a los detalles que marcan la diferencia, como pulir la madera.
4- Pegado
Armadas completamente las piezas, se procede a pegarle las láminas de fórmica.
5- Pintado
La malla es sometida al talento de los pintores que primero hacen un molde a pincel, delinean y luego le ponen color con aerógrafo.




